Un homenaje a los profesores que siguen entrando al aula a educar el futuro de un país que ya casi no les escucha. Muchas gracias, de corazón.
Dos versiones
Lo esencial del manifiesto en menos de tres minutos. Pensada para reenviar.
El manifiesto íntegro. Para escuchar con calma, en el coche, mientras paseas o antes de dormir.
Una sociedad que deja de confiar en sus profesores está cortando, sin saberlo, la base sobre la que se apoya.
Los profesores españoles han hecho huelga el 19 y el 20 de mayo. No por el sueldo, no principalmente. Han salido a la calle porque ya no pueden hacer su trabajo. Porque la cantidad de papel que les pide la ley ha superado, hace tiempo, la cantidad de tiempo real que pueden dedicarle a cada niño.
Esta pieza no es propaganda sindical. Es algo más callado: un reconocimiento. Un breve homenaje a esa profesora que esta noche está delante del ordenador a las once y media, justificando por escrito un cuatro. Al profesor que mañana entrará al aula sabiendo lo que cuesta hoy poner ese cuatro.
Devolverle al profesor el margen. La autoridad. La confianza de que su criterio vale. Y exigirle, sí, exigirle mucho, pero como se le exige a un médico: confiando en su juicio, no revisándole hasta la última coma.
Y a los padres que vamos a reclamar, a los alumnos que han aprendido a ir directos a inspección, a todos nosotros, una pregunta difícil: ¿queremos profesores cuya autoridad respaldemos, o profesores administradores de un sistema que ya no enseña, solo certifica?
Por un momento. Imagina una profesora. Cualquiera. Una que conozcas. Una que recuerdes.
Esa profesora hoy ha llegado a casa más tarde de lo habitual. Ha cenado de pie. Y ahora, a las once y media de la noche, está delante del ordenador, redactando por escrito la justificación de un cuatro que le ha puesto a un alumno de catorce años. Porque mañana es probable que vengan los padres a reclamar. Y si no le aprueba es posible que el alumno acuda a inspección. Y si la justificación no está perfecta, si falta un solo apartado del documento que pide la ley, la inspección puede revisarle el trabajo a ella de todo el año.
Esto no es una excepción. Esto cada vez es más frecuente.
Hemos olvidado algo importante sobre los profesores. Algo que en otro tiempo se daba por hecho. Algo que sostenía silenciosamente, sin que nadie lo notara, una de las piezas más delicadas de cualquier sociedad: educar a los niños que serán los adultos del mañana.
Esa pieza está crujiendo.
No está crujiendo porque los profesores se quejen. Está crujiendo porque ya no les dejamos hacer su trabajo.
Antes, cuando un profesor decía: este niño necesita estudiar más, este examen no está bien, este alumno tiene que repetir el curso, se le creía. Se le creía porque era el profesor. Porque había estudiado para serlo. Porque había escogido una vida modesta para dedicarse a una vocación enorme.
Hoy, cuando un profesor dice lo mismo, lo más probable es que tenga que justificarlo por escrito a tres niveles. Al alumno, a los padres, que pueden venir indignados. A la dirección del centro, que tendrá que respaldarle. Y cada vez más a la inspección, que muchas veces está más de parte del alumno que tiene un cuatro que del profesor.
Y a veces, al final del proceso, la inspección, que no conoce ni al alumno ni al profesor, decide que la nota no era justa. Le da la razón al alumno. El profesor se queda mirando el papel. No por la nota. Por lo que la decisión significa.
Significa que su criterio ya no vale.
Hay algo profundamente humano que se está destruyendo aquí. Y no tiene que ver solo con la política, ni con el partido que gobierne, ni con la ley que toque. Tiene que ver con la confianza.
Una sociedad que deja de confiar en sus profesores está cortando, sin saberlo, la base sobre la que se apoya. Porque los profesores son los que aún tienen el oficio antiguo de mirar a un niño a los ojos y decirle: tú puedes. Y también el oficio aún más difícil de mirarle y decirle: esto no, vuelve a intentarlo. Esto último, sin autoridad, ya no se puede hacer.
Hoy muchos profesores prefieren aprobar a un alumno que merece un cuatro y reclama un cinco. Porque saben que poner ese cuatro abre un proceso de tres semanas. De reclamaciones, de reuniones, de papeles, de inspecciones. Tres semanas que vienen además del trabajo de educar a otros treinta niños.
Así que dejan pasar. Aprueban. Y el alumno aprende algo que no estaba en el temario: que reclamando se consigue. Que en la vida adulta también funcionará así.
Esto no es solo un problema de profesores. Esto es un problema de país. Es una realidad.
Hablamos mucho del futuro de nuestros hijos. De la educación que les dejaremos. De las herramientas digitales que necesitarán. Pero no estamos hablando de lo más importante: de la persona que se las dará. De si esa persona podrá hacerlo desde un lugar de respeto, de autonomía, de criterio propio. O si tendrá que hacerlo desde el agotamiento administrativo y el miedo permanente a equivocarse o tener que enfrentarse a alumnos, padres e inspectores por defender lo que ella cree que es justo.
Y aquí va una pregunta. La hago en voz baja, porque pide silencio para responderse.
¿Quién fue tu profesor o profesora favorita?
¿Cómo se llamaba?
¿Qué te enseñó? Y no me refiero solo a la asignatura. Me refiero a lo otro. A lo que decía con los gestos. A lo que decía con la paciencia. A esa vez en que pudo gritarte y no te gritó. A esa vez en que pudo suspenderte y te dio una segunda oportunidad. A esa vez en que viste, sin saber explicar por qué, que esa persona te respetaba como ser humano completo, no como número del cuaderno.
Esa persona pudo hacer aquello porque tenía un margen. Porque la sociedad confiaba en su criterio. Porque entre ella y el alumno no había siete formularios.
Ese margen es lo que está desapareciendo.
A los políticos que diseñan las leyes. A los padres que vamos a reclamar las notas. A los alumnos que han aprendido que se puede ir directo a inspección sin pasar por la conversación con el profesor. A todos nosotros nos toca preguntarnos una cosa difícil.
¿Queremos profesores cuya autoridad respaldemos? ¿O profesores administradores de un sistema que ya no enseña, solo certifica?
Porque los profesores van a seguir levantándose mañana. Van a seguir entrando en aulas con treinta niños. Van a seguir intentando educar entre formularios. Pero el oficio antiguo, el que cambiaba vidas, ese se está apagando.
No por culpa suya.
Hoy, diecinueve y veinte de mayo, miles de profesores en este país han hecho huelga. No por el sueldo. No principalmente. Han hecho huelga porque ya no pueden hacer su trabajo. Porque cada año pueden hacerlo un poco menos. Porque la cantidad de papel que les pide la ley ha superado, hace tiempo, la cantidad de tiempo real que pueden dedicarle a cada niño.
Y han salido a la calle porque les importa la educación de nuestros hijos. Mucho más, en muchos casos, de lo que nos importa a los padres.
Si reconoces a algún profesor en lo que estás escuchando, díselo. Mañana. Hoy mismo si puedes. No hace falta un discurso. Una frase: gracias por seguir enseñando, aunque hayan hecho casi imposible que lo hagas bien.
Quizá esa frase sea pequeña frente al problema. Pero es lo único que ninguna ley puede impedir.
Y a los que tienen poder de decisión sobre todo esto. A los inspectores, a los políticos, a los legisladores. Les pedimos algo muy concreto.
Devuélvanle al profesor el margen. Devuélvanle la autoridad. Devuélvanle la confianza de que su criterio vale. Y exíjanle, sí, exíjanle mucho, pero exíjanle como se le exige a un médico: confiando en su juicio, no revisándole hasta la última coma.
Mientras tanto, este pequeño audio que acabas de escuchar es un reconocimiento. Un breve homenaje a esa profesora que esta noche está delante del ordenador a las once y media. Al profesor que mañana entrará al aula sabiendo que va a poner un cuatro y sabiendo lo que eso significa. A todos los profesores que sostienen, contra el sistema, lo más importante que tiene una sociedad. La posibilidad de educar a sus niños y convertirlos en buenas personas, libres, críticas, y hacerlos brillar con luz propia.
Gracias.
Un homenaje de Corrigiendo.es.
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